Opinión de Gustavo Matos (Portavoz del Grupo Municipal Socialista)
Hace algunas semanas escribí unas breves líneas en las que traté de transmitir la necesidad y la oportunidad de reivindicar la figura de José de Anchieta: un lagunero universal. En aquella ocasión el artículo guardaba relación con una propuesta que elevé al Pleno del Ayuntamiento de La Laguna para que adoptara un acuerdo, más político que jurídico, para que se garantizara que la casa natal de José de Anchieta se destinara a un uso relacionado con la divulgación de su vida y de su obra. Algo que parecía lógico teniendo en cuenta, entre muchas otras cosas, que el fundador de Sao Paulo y cofundador de Río de Janeiro nació en nuestra querida Plaza del Adelantado.
Dicho lo anterior, cuando fue el turno de debatir mi propuesta en el seno del pleno lagunero, recibí un furibundo ataque por parte de los representantes de Coalición Canaria, animados por el Alcalde, que nada tenían que ver con el objeto de mi moción, ni con José de Anchieta, ni con su figura ni su papel trascendental en la historia de la fundación de Brasil. Un ataque exclusivamente personal de los que últimamente vengo siendo objeto por parte de dirigentes de Coalición Canaria en La Laguna. Pero lo más triste del caso no es que Coalición Canaria votara en contra de la propuesta, algo increíble y difícil de explicar, tras la excusa más peregrina que uno se pueda imaginar. Lo triste fue comprobar el grado de ignorancia y desconocimiento de la Concejal de Patrimonio, doña Cruci Díaz, y del portavoz y representante de Coalición Canaria en La Laguna, don Antonio Pérez Godiño. La primera creyendo que don José de Anchieta se fue de niño a Brasil. Algo imposible no sólo porque Brasil tal cual lo conocemos no existía y fue el propio Padre Anchieta quien colaboró en su fundación, lo que le impedía haber ido de pequeño. Entre otras cosas, no había colonias estables de europeos en la zona cuando el Padre Anchieta era pequeño. Una metedura de pata incomprensible y difícil de justificar en quien tiene en su manos la labor de gestionar el patrimonio de La Laguna. Y el segundo, don Antonio Pérez Godiño, tirándose a la piscina para arremeter contra quien escribe estas líneas, al mofarse del hecho de que el Padre Anchieta, según él, no había colaborado en la fundación de Río de Janeiro. Simplemente penoso. No sólo por la evidente ignorancia voluntaria de estos dos miembros del equipo de Gobierno, sino por su total desinterés. Ambos tuvieron una semana completa para al menos consultar los datos más elementales de la vida del jesuita lagunero. A ambos les hubiera bastado con leer la propuesta, en la que se detallaba la vida de Anchieta para no hacer el ridículo más espantoso. Me entristece más ese desinterés que su ignorancia, porque la segunda es fruto del primero.



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