Opinión de Gustavo Matos (Portavoz del Grupo Municipal Socialista)
El destino quiso que la última intervención de Fidel Campos Sánchez en un pleno del Ayuntamiento de La Laguna fuera a propósito de una moción que presenté en defensa de la Universidad de La Laguna. Aguantó, con la tenacidad que sólo él tenía, la larga sesión plenaria para intervenir en la moción sobre la Universidad, a pesar de que ya algo hacía pensar que Fidel no se encontraba bien. Cumplió, leyó si intervención y hasta que pronunció la ultima palabra de la última frase no se marchó. A la mañana siguiente, recibí la llamada que me transmitiría la increíble noticia de que pocas horas después de abandonar el salón de plenos Fidel había entregado su alma. Se había marchado el concejal número 28.
A Fidel lo conocí hace muchos años, y a él me unía una relación de afecto y respeto que siempre me transmitió. Personaje que no pasaba inadvertido, crítico y ácido como ninguno, siempre me trató con cariño en las críticas y con objetividad en sus elogios. No había detalle de la vida lagunera que se le escapara, y era sin duda un lagunero de pies a cabeza. El ejemplo de tantos y tantos que no habiendo visto la luz en Aguere al nacer, hicieron de su condición adquirida de laguneros su seña de identidad. El reglamento de participación ciudadana que permite en La Laguna intervenir en el Pleno a los representantes de los vecinos fue siempre el vehículo que le posibilitó opinar sobre los asuntos de actualidad del Ayuntamiento y del municipio. Así fue también en el último pleno. Por ello, podemos decir que se fue en acto de servicio. Donde quiera que esté ahí ya le esperaban Adrián Alemán y Zenón, contentos de recibir a Fidel para continuar sus tertulias laguneras, sus discusiones sobre esta centenaria ciudad que atrapa a todo el que pasee alguna vez por sus rectas calles. Un abrazo, amigo.



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